Que triste es sentirse solo. Cuando todo tu ser se rompe en mil pedazos y escuchas en lo más profundo de ti como cada uno de esos pequeños trozos chocan entre sí con un suave golpe que se intercala con el silencio de la ausencia de tu respiración, de esa manera fuerte de exhalar a la vez que sigues derramando lágrimas y tristemente, porque es triste, con la nariz taponada, y esta misma, llorando.
Despojémonos de las cadenas del amor, somos libres, libres de hacer lo que queramos, de sentir lo que queramos. Nadie nos pertenece, nada de este mundo es nuestro y menos una persona.
Cada persona es capaz de dejar una huella en nuestro corazón, en nuestros recuerdos, de diferentes tamaños y profundidades, son huellas inconfundibles, no se mezclan y algunas casi imborrables. Ella la dejó bien profunda.
No sé cuantas veces he pensado en revivir en la mirada de desconocidos en si alguna de las tantas penumbras del camino encontraría a alguien que me devolviese la sonrisa que me robó una persona perfectamente imperfecta, perfecta porque me llenaba, era amor, amor del bueno, del que eres capaz de cruzar medio mapa por ella, e imperfecta porque cada día era superar una piedra mayor que la anterior, hasta que al final terminó, demasiado imperfecto, demasiada felicidad recibida pero mucha perdida.
Como imaginar que todo acabaría así. Buscamos a alguien que nos haga sentir bien, que nos comprenda o al menos que nos haga sentir diferente, a gusto, como si todo fuese infamamente importante, alguien que sea capaz de pintar la nubes grises, que se formaron por la contaminación de personas, de colores.
Ni tan siquiera puedo ver tu cabello ondeando en el aire, anhelo la figura de tu sombra proyectada por la más ingenua luz que no sabe que tú eres la musa de cada inspiración, de cada frase, de cada folio en blanco que se llena de tu nombre y de mis pasiones. La única manera de tenerte cerca es escucharte pero de que sirve esto si yo lo que quiero es verte.
Encontrarte en la situación de no saber que hacer, que pensar sobre alguien, el porqué se comporta así, el porqué "ha cambiado". No saberlo y que el silencio, cruel, como es él, no responda sino con una monotonía.
Cuando es el momento en el que la mente deja de pensar y el corazón no para de sentir, de latir todo lo que calla, de gritar lo que nunca confesó. Cuando las palabras no son solo más que las cenizas que el viento se lleva pero los recuerdos, los hechos vividos, son más que cualquier muestra de cariño. Cuando todo se comprime en un infinito punto donde todo parece disperso por pequeño que sea, y no sabes que pensar, que sentir, te preguntas, como has llegado hasta ahí, como has podido llegar a sentir eso, si lo sientes por esa persona, si no lo sientes, ese momento cuando tienes miedo a que todo lo vivido y sentido no haya sido realmente vivido. Llega el momento en el que ya no sabes como expresarlo, como decirlo.
Odio a la gentuza que tiene perro en invierno y en verano lo ponen en la calle porque sobra, odio a las personas que van a la iglesia y luego el resto de la semana son peor que satanás, odio los gritos, odio los
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